Un año atrás…

…Hace 365 días yo estaba en un pueblito bueno de Albacete con todos mis amigos celebrando que uno de ellos había encontrado el amor de su vida años antes y toda su felicidad.

Hace 365 días yo estaba nerviosa porque iba a leer en la ceremonia. ¿Qué iba a leer? Unas palabras que había escrito unos días antes, de esas que salen del corazón a más velocidad de la que tú escribes y con las quieres plasmar muchas cosas, pero sobre todo, que los quieres. Mucho.

Y leí, me emocioné, me trabé, suspiré y hasta me llevé la mano al pecho. Me contaron también que mi emoción fue compartida por mis amigas, y es que ya se sabe, con amigas todo es mejor.

Un año atrás yo leía estas palabras….

“Dice el calendario que hoy es 11 de Noviembre, el día elegido por vosotros para compartir con todos nosotros vuestro amor, ese amor que comenzó hace unos años atrás y que nos ha traído hasta aquí.

Sí echo la vista atrás, me parece que esas tardes de instituto donde pasamos de ser compañeros a amigos han sido hace nada, pero han pasado 17 años.

Amigos de instituto, de esos de pasarse apuntes y compartir pinchos y cafés en los descansos. De esos que poco a poco, se transforman en imprescindibles y en poco tiempo miras a tu alrededor y no te ves sin ellos,  porque es mucho más fácil vivir, y crecer, con vosotros cerca.

Juntos hemos construido un montón de buenos recuerdos que no se han quedado olvidados en un armario sino que están muy presentes en nuestras vidas.  

Dice Joaquín Sabina en una canción que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver” pero yo reconozco que me encanta echar la vista atrás en el tiempo y volver un poquito a esos lugares y momentos que nos han dado tanto…

Crecimos y llegaron los años de la universidad. Algunas nos quedamos en Gijón, otras salieron corriendo a Madrid y tú, Feito,  cogiste rumbo a Toledo.  A Toledo, porque alguien del grupo tenía que descubrir esa ciudad de escaleras mecánicas para contárnoslo al resto. A Toledo porque en algún lugar, en algún momento, estaba escrito, aunque tú no te lo imaginaras cuando ibas y venías con esa maleta que gritaba “guaje”, que Ana, tú Ana, estaría allí…

Y entonces, llegaste a Gijón una noche de verano y Ana estaba a tu lado en aquella fiesta de prau. Era Julio, era Ceares, hicimos la croqueta y sí tuviera que apostar diría que hasta pusimos cara de pato.

Y sí me acuerdo de esto,  porque de las cosas sencillas que hacen la vida más grande conviene acordarse. Bailamos al ritmo de una orquesta mala y Ana se integró a la perfección en ese grupo de gente que no paraba de ofrecerle culines de sidra.

Una noche de verano en la que, en cuanto nos fijamos en cómo la mirabas, entendimos que era ella y que aquel pueblo de Albacete debería empezar a sonarnos.

Emprendisteis vuestro camino un poco más abajo de Pajares y a lo largo de los años os ha llevado a varios lugares pero siempre juntos. Demostrando que si se quiere, se puede, que no importa el lugar, que lo importante es con quién y, que, no estar cerca no significa no estar.

Estamos y hemos estado. Estrujamos las horas cada vez que corréis al norte. Sonreímos cuando vemos alguna foto por las redes sociales de vuestros momentos felices y nos alegramos y brindamos en la distancia aunque no nos veáis cuando las buenas noticias llegan al otro lado del teléfono. Achuchamos a besos a Laura y a Sofía en cuanto las vemos y, la parte menos de mala de verlas poquito es que las amigas de Papá (y de mamá!), las podemos malcriar un poquito…

Os deseo, de corazón, muchísimos años de felicidad construida. Porque sí,  los momentos de felicidad se construyen y no debe olvidarse. Tranquilos, no es difícil, lo lleváis haciendo sin daros cuenta todos estos años. La felicidad se construye en cada mirada de reojo que os habéis echado, en esas primeras sonrisas tímidas que dejaron paso a carcajadas enormes. Está en esas cervezas que os tomáis un día al salir del trabajo,  en ese postre que tanto os gusta y que tanto engorda o en ese desayuno caótico de cualquier día laborable…

No os desvelaré ningún secreto para ser felices porque ya los conocéis todos.

Vivid. Vivid mucho. Disfrutad. Arrancad las hojas del calendario dejando que esas pequeñas cosas hagan vuestra vida más grande, ser siempre un poco niños, y quereos con locura.

Continuad parando el mundo cada vez que estáis juntos y no os soltéis nunca de la mano. Que pasen los años, que pase la vida y que, como os dije antes, construyáis bonitos recuerdos, que es, al final, de lo que se trata

Y ojalá, ojalá de verdad, que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel y que el fin del mundo os pille bailando. “

…y un año después seguimos estando aunque no estemos cerca.

¡Feliz Aniversario!

 

 

 

 

 

 

 

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