Volver Despeinada

Tarde de viernes.

Tarde de mi último viernes de vacaciones y la paso sentada en el sofá, viendo en la tele algún programa de esos que no requiere atención y en esos ratos de poner lavadoras y tender ropa que conllevan todas las vueltas a casa.

Tarde de sentarme y escribir aquí después de 3 meses. 3 meses con sus días y sus noches, con su cafés y sus copas, con sus domingos de sofá y gominolas y sus lunes de desayunos rápidos.

Durante esos meses hubo un momento en que llegué a pensar en cerrar sesión, en apagar para no volver a encender y hubo alguien que me dijo que me lo pensara mejor, que si estaba segura, que desconectara. Y llegaron las vacaciones.

Cuando iba al colegio y llegaba el último día salía casi sin despedirme de mis compañeros e iba corriendo a casa, a comerme ese bocadillo rápido que marcaba el inicio de las vacaciones y a montarme en el coche de los abuelos para ir al pueblito bueno donde no había nada y todo a la vez.  Y este año he hecho algo parecido, he salido corriendo al sur, a redescubrir esos lugares que son parte de mi mundo, imprescindibles en mi vida y los que querría tener más cerca, mucho más cerca.

Han sido vacaciones de salitre, de arena, de calor, mucho calor, demasiado calor, de cervezas que nos duraban segundos en la mesa, de risas que no tenían fin, de caídas que dejan nuevas cicatrices en mi cuerpo y de momentos capturados convertidos en recuerdos.

Han sido unas vacaciones en las que no me he secado el pelo ni un día, la plancha alisadora se quedó olvidada en el maletero del coche. Han sido días y noche de pelos revueltos, rizos que salen sin saber dónde habían estado hasta entonces y de moños imperfectos llenos de horquillas. Y así me paseé por mis playas favoritas, por centros históricos buscando sombras y hasta por los lugares de copas de máximo postureo.

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Vacaciones de fotos imperfectas, porque lo que importaba era vivir sin una lente delante de los ojos.

Vacaciones sin maquillaje. Ni waterproof ni nada. La cara natural ha sido mi carta de presentación. Me presentaba ante los lugares y las personas con mi sonrisa y nada más.

Personas que han hecho de este viaje un viaje más especial. Primas que paralizan sus agendas para seguir sumando ratos compartidos, amigos de más de media vida que hacen que siempre que nos veamos parezca que lo hayamos hecho el día anterior, amigas que han llegado a mi vida por Twitter y que te prestan su aire acondicionado sin pedirte nada a cambio y te dan, por esas cosas de la vida, dos sobrinos “¿utrereños?” que lo molan todo y más. Compañeros de antiguos trabajos que te llevan a ese lugar donde hace 8 años descubriste una de tus playas favoritas.

Y así, sin maquillaje y despeinada, compartiendo ratos con personas con las que te encantaría hacerlo más a menudo, sonriendo sin parar a ese que tengo al lado como compañero de vida y con muchos kilómetros de carretera y música hortera, encontré la calma, llegaron las ganas de escribir, aparecieron de nuevo las ideas escritas en la parte de atrás de tickets de chiringuitos y aquí estoy, despeinada, abriendo el blog después de tiempo para escribir, para quedarme, para seguir DetrásdeunaBoda pero también de un montón de otras cosas porque a partir de ahora este rincón tendrá una parte más personal… Aunque si lo pienso, siempre la ha tenido.

¿Estás al otro lado?

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3 comentarios en “Volver Despeinada

  1. Claro que si! Aquí estamos deseando leer lo bonito que escribes! Me alegro que el Sur te haya dado esa energía que necesitabas y estes llena de nuevo y si no lo estas aquí seguiremos esperándote. Un beso!

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