¡Larga vida a las excusas!

Ayer fue 14 de Febrero. Ese día marcado en rojo en el calendario que cuando estamos solteros todos aborrecemos pero que, en cambio, todos hemos celebrado alguna vez.

Esto es así, por mucho que hagamos público que es un invento de los centros comerciales, por mucha pereza que nos de verlo todo lleno de corazones y por mucho que odiemos el color rojo todos alguna vez hemos celebrado San Valentín. Y lo hemos disfrutado.

Si me pongo a pensar cuál es mi primer recuerdo de San Valentín sonrío y me voy directa a mi infancia. A aquel año en el que contaba con 9 o 10 años a mis espaldas y en mi clase decidimos emparejarnos para tener regalos. Dulce inocencia. Por sorteo, por gustos o por conveniencia hicimos parejas cuadrando y aquel 14 de Febrero Marco Antonio me regaló mi primera Caja Roja de Nestle. Aquello era un regalazo si consideramos lo que los padres nos daban de paga. Yo tire más de romanticismo y recuerdo que le escribí una carta y quemé los bordes de la hoja con un mechero. ¡Toma ya! A ver quién superaba eso. Y menos aún acompañado de una foto de la última excursión.  Sobra decir que el día 15 de Febrero de aquel año todos volvíamos a ser solteros. Ocurrencias de la clase A, como aquel otro curso en el que decidimos hacer reservas de novios para las vacaciones para no distraernos en los exámenes o como cuando decidimos que de viaje de estudios íbamos todos solteros porque a Salou íbamos a comernos el mundo aunque no supiéramos pintarnos los ojos y pareciéramos dragqueens en la discoteca light de aquel hotel…. Otra cosa no, pero organizados para el tema del amor en mi clase lo eramos.

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Años después llegaron los amores adolescentes, los detalles del todo a cien, los corazones llenos de flechas y de nombres que no se parecían en nada al que escribiríamos 365 días después y las rosas que nos compraban en aquel bar por la noche. San Valentín se celebra mucho en los institutos y a mi pocas cosas me producen más ternura que cuando veo a un adolescente con granos en la cara y una rosa en la mano.

Y entonces crecimos. Y nos enamoramos de verdad y comenzamos a renegar del 14 de Febrero porque el amor hay que cuidarlo todos los días del año. Y es verdad y sí no es así no es amor pero el 14 de Febrero es la excusa.

Las personas necesitamos las excusas para vivir, para saltar, para hacer las cosas. Todo tiene un por qué, una excusa. Nos queremos todos los días de nuestra vida pero tenemos que reconocer que pocos son los días que después del trabajo sorprendemos a nuestra pareja. Quizás por pereza, quizás por monotonía, quizás porque el día que llegaste a casa con aquel girasol perfecto ella había tenido una jornada interminable y apenas lo miro para meterlo en ese viejo vaso con agua. Quizás.

El amor no necesita excusas ni regalos, a veces no necesita ni palabras pero, seamos sinceros, a todos nos gustan. Nos gustan los regalos y nos gusta regalar. Disfrutamos desenvolviendo algún detalle pero también envolviendo.

El amor no necesita excusas pero a veces éstas no están nada mal y si el 14 de Febrero sirve como excusa para chuparte los dedos en ese restaurante al que siempre queréis ir, comprar esas entradas para el concierto de vuestro cantante favorito y para ensayar sus canciones voceando juntos o para sorprender a la otra parte de tu equipo con ese caprichazo que tanto quiere pero que no se da, bienvenido sea.  Lo que tú quieras. Lo que queráis. El amor no necesita excusas pero las personas si.

Sin exageraciones, por supuesto, pero reconozcamos que vivir con alguna excusa y tener alguna marcada a fuego para sorprender no es malo. O mal, como decimos ahora por estas redes tan modernas.

Así que yo, aún creyendo que San Valentín es todos los días y que no es necesario trasmitirse amor para sentirlo, me quedo sentada en mi sofá disfrutando de mi última excusa….

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….porque para el amor cualquier día es bueno y para que me regalen un libro también, por mucho que el calendario diga que ayer tocaban rosas y que los libros tocan dentro de un par de meses… Las excusas están para vivirlas, para hacerlas nuestras y hasta para celebrarlas, porque esa es otra, la excusa de celebrar todo lo celebrable y más… pero de eso escribimos otro día.

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