Mi regalo del DubAmigoInvisible

Cuando eres la organizadora de un Amigo Invisible y te pueden las ganas de participar sabes de antemano que vas a conocer la identidad de tu amigo invisible y en algunos momentos puede parecer que se ha perdido la esencia del juego pero no.

Conocer el nombre de la persona que te va a regalar no le resta, al menos en mi caso, ni una pizca de emoción al juego. La ilusión, la emoción y la alegría van en el carácter de cada persona y si tú las llevas dentro da igual que conozcas el nombre del papel.

Esto es lo que me ha pasado en el #dubamigoinvisible: conocía la identidad de la persona que me haría el regalo pero tenía la misma ilusión o más que si desconociera la procedencia.

El resultado del regalo que recibí en el amigo invisible lo definió mi marido al verlo y soltar ese “menuda suerte tienes en los amigos invisibles, dile a esa chica que le voy a escribir cuando sea tu cumpleaños para que me eche un cable” Y es que mi marido, que se quedó flipando con los regalos al igual que hiciera yo horas antes, aprovechaba la ocasión para explicarme que esos regalos tan cuidados y tan personales sólo se nos ocurren a las chicas que es muy difícil que a un chico se le ocurra. Y puede ser que tenga razón… pero esa es otra historia.

 La Novia Cotilla era la persona a la que le tocó hacerme un regalo y a la que desvirtualicé en plenas Navidades en el Brunch Astur Navideño que organizó Lalablu y que os contaré dentro de poco. 2 horas de brunch y La Novia Cotilla ya había pasado a ser Sarai. Por eso, cuando días después me envío un mail para preguntarme si me parecía bien que me entregara el regalo en mano y en Llanes no pude evitar contestar con un ¡¡¡siiiii!!! inmediatamente.

Así, mi regalo del #dubamigoinvisible llegaba a mis manos en mi lugar favorito del mundo, con cerveza sobre la mesa y Sarai a mi lado. Una caja de lunares roja llena de confetti hacía las veces de aperitivo aunque yo con eso ya era feliz. Reconozco que porque estábamos en una vinatería de gente de bien que sino un puñado de confetti hubiera salido por los aires… pero aquella caja era sólo el principio.

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Un puñado de mis adorados Kojack que están compartiendo conmigo las primeras tardes en LLanes…

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…siguiendo el testigo de los que me regaló Andrea de Mis Bodas de Cine que me acompañaron en el proceso de selección, wasitapes bonitos y románticos, un montón de pegatinas que, entre otras cosas, harán más yo mi agenda de este año y dos bolis muy rosas que me acompañan donde quiera que yo voy. Y que hacen que uno de mis jefes se muera de risa cada vez que me pide un boli.

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Y entre toda esa explosión de color y confetti una bolsa negra de Bimba y Lola. ¿Bimba y Lola? Justo ese día por la mañana mi señor marido y yo habíamos estado hablando de esa marca y de las ganas que le tenía a algunos productos del “galgo” como dice él para aclararse. ¿Qué contenía esa bolsa? Un precioso neceser/estuche/portatodo (elegir la que más os guste) de color rosa, ¡cómo no! que se ha convertido en un indispensable para guardar mis brochas y potingues ahora que vivo casi, casi, en una autopista. Mi bolso ya no es mi bolso sin él.

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Y el regalo. EL REGALO con mayúsculas. Un detalle de esos que hacen que apures para dentro alguna que otra lágrima con tu cerveza al apreciar el cariño y el trabajo que hay detrás. EL REGALO es un diario, una libreta en blanco, un taco de hojas para escribir, para llenarla de letras, de tachones y de dibujos, con una o con mil historias..  Un diario especial de esos que te da pena escribir pero que sabes que tienes que hacerlo. Y allí, entre esas hojas en blanco la sorpresa mayor. Allí, entre ellas, estaba yo con un año, el Mago de Oz, Llanes (ohh!), cerveza, Sabina, Quique González, mi Sí Quiero, el lugar de mi boda con una frase mía, mis Converse, mi Quim Gutierrez…

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…Sarai se había leído y releído mi blog y mis redes sociales, había seleccionado mis cosas favoritas y mis gustos y los había plasmado todos allí, rodeados de hojas blancas para que escriba mi historia.

Le dí muchas veces las gracias, muchas, muchas y aún así, se me olvidó invitarla a la cerveza que nos estábamos tomando. Soy lo peor pero así tengo una excusa para volver a vernos.

El diario sigue aquí y yo sigo sin saber muy bien qué escribir en él. Escribir, escribiré pero algo bonito, algo especial, algo de eso que guardas para siempre, que lo relees siempre, que sonríes al hacerlo… Al igual que lo hago al leer la carta que acompañaba a los regalos.

 

 

 

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