Cuando una puerta se cierra se abre un ventanal.

Sí, la frase que da título a esta entrada es una que canta “la chica cursi de la radio” que tan poco te gusta y que yo canto a todas horas en el coche.

Sí, esta entrada te habrá llegado al correo electrónico y estarás esperando a ver qué  cuento hoy porque no te he dicho ni mu sobre que iba a escribir.

Sí, señor marido. Hoy te escribo a ti. Y sí, lectores del blog, hoy me paso el tema bodas por alto.

Hoy el desayuno ha sido especial. Hoy no hemos tenido que pelearnos por ver quién de los dos lleva más tiempo en el baño o nos hemos gritado un ¡adiós! acompañado de un portazo porque yo llegaba tarde. No.  Hoy ha sido todo más tranquilo y tú me has dicho adiós sonriéndome mientras yo pegaba el portazo en el ascensor.

Ayer se cerró una etapa importante en tu vida, en nuestra vida. Nuestra relación nació y creció a la vez que tú te enfundabas por primera vez ese polo amarillo. En nuestra primera cita fui a buscarte a aquella tienda y me puse colorada, vi por primera vez  a ese compañero de trabajo que pasaría a ser amigo. Hoy recuerdo ese día. Recuerdo el día que otro compañero te dijo eso de “Tania no te pega nada pero se os ve tan felices que es muy guay que esteis así” Tus primeras vacaciones allí las aprovechamos para que te mudarás aquí y para salir corriendo a Galicia.

Tus compañeros de trabajo pasaron a ser amigos, amigos en mayúscula tuyos y también un poquito míos. Con ellos reímos, charlamos, nos descojonamos y lloramos, ya fuera juntos en cuerpo o separados. Tuvimos la suerte de que un poco de ese “413” nos acompañara en nuestra boda y que otro poco pensará en nosotros todo ese día.

Allí, en esa silla dónde me sacaste tantas fotos de carnet (bendita paciencia!) comimos helados, gofres y hasta hamburguesas… Nos reímos, elegimos fotos y sacamos fotos a gotas de agua. Recuerdo las tardes en que te iba a buscar al trabajo porque eso es amor, las que me pasaba a pedirte la tarjeta porque me había encaprichado de un modelito o las que simplemente iba porque sí.  Recuerdo como nos emocionamos juntos porque habían despedido a David, como llegó Rubén  y cómo terminamos entendiendo el Bleh! de Jairo…Las etapas iban cambiando, la gente iba pasando y algo de ellos se quedaba allí.Y algo de ti se iba con ellos. Hace apenas unos días que mirábamos el rincón de las fotos y sonreíamos al recordar cuánto bueno y bien había dado esa pequeña tienda.

Y un trabajo es un trabajo y este siempre lo recordaremos por nuestros inicios. Ayer cenábamos juntos y me decías que habíamos empezado a la vez, me miraste, te escojonaste y me dijiste “tenemos que dejarlo, hay que cerrar etapas” Y entonces me descojone yo. ¿Por qué? Porque amigo, aunque hoy hayas levantado y bajado esa persiana con la que yo me daba cabezazos por última vez no te vas a librar no… Ha sido un placer compartir principios con ese trabajo pero no compartiremos finales. No. Ni de coña. Porque lo tuyo y lo mío no tiene final. Lo tuyo y lo mío mola mucho aunque yo no transmita amor.

Así que amigo, prepara dos cervezas para cuando salga del trabajo que juntos vamos a ver el lado positivo de todo esto, ese lado que ya nos ha demostrado que tenemos más tiempo para los dos, que las fotos las veremos en el ordenador más que en papel, que dentro de nada nos vamos de vacaciones, que somos tan felices o más como aquella primera cita… Vamos a brindar por todos esos momentos que vendrán y que seguiremos fotografiando juntos!

 

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