Hotelito-Hotelazo ¡¡¡hemos llegado!!!

A veces pasa que aunque lo poco que ves de una ciudad te deslumbra, no puedes evitar salir corriendo hacía el coche para llegar cuánto antes al hotel, porque la ciudad te deslumbra pero el hotel te tiene maravillada desde que lo descubriste. Así que dicho y ello, parking, gps en marcha y vamos que nos vamos hacía el Castillo del Buen Amor.

Recuerdo que cuando le dije a mi madre que el hotel estaba situado en Topas exclamó un “¿ en Topas ? …pero allí hay algo más que la cárcel?” Y es que tantos años recorriendo la Autovía Ruta de la Plata viendo ese cartel de “TOPAS; Centro Penitenciario” tienen sus efectos.

Vamos si hay algo más que la cárcel. Coche, N-630, Tiempo de Juego en la radio y vemos el cartel de Topas. Y yo, como buena cagaprisas me meto para allí. NOTA: si váis al Castillo del Buen Amor desde Salamanca por favor, esperaros, un poco más adelante habrá una indicación hacía él. Conocemos el pueblito de Topas y lo callejeo. Oye, que no vemos un castillo ni de lejos. Volvemos a tirar de gps y descubrimos que estamos al ladito. Al ladito pero el gps decide que tenemos que conocer los Campos de Castilla y vamos por ellos. No es el camino más sencillo ni el más corto pero yo disfruté muchísimo conduciendo por aquella pista forestal rodeada de campo y naturaleza. Y disfruté más aún cuando vi campos de girasoles. Mis adorados campos de girasoles.

campos girasoles

Y llegamos al Castillo.

Llegamos y flipamos. Volvimos a flipar. Es entrar en la finca y a una le apetece tirarse ya del coche para empezar a disfrutar. Ahora sí, comienza nuestro aniversario. Hace justo un año hice mío el Palacio de Luces con mis Converse Rosa y hoy conquisto el Castillo del Buen Amor con las mismas, con todas las experiencias y km recorridos este año con ellas.

converse

Apetece pararse y sacar fotos a todo pero tenemos más ganas de descubrir nuestra habitación. Entramos en el Castillo y flipamos. Es un Castillo y está decorado como tal. Nos mola. Mucho. Hasta la iluminación está adecuada para que las instalaciones tengan aún más encanto. La recepcionista nos sonríe (nunca entenderé esos hoteles dónde no te dan ni los buenos días) y descubrimos la habitación. ¡Madremíadelamorhermoso! Es enorme! Tiene dos espacios separados por una pequeña altura que me encanta. La cama es enorme, el techo me fascina, alucino al ver las vistas desde la ventana del baño…

habitacion

…y aluciflipo a lo grande cuando descubro la terraza.

terraza

Podéis reiros, pero yo que mataría por tener una terraza en casa es descubrir la de la habitación y empezar a dar vueltas: ahora salgo, ahora entro, ahora me siento en la cama, ahora vuelvo a salir, ahora toco esto y ahora lo otro. Estoy hasta nerviosa de lo emocionada que estoy. Todo es como en las fotos. Y yo, que como ya os comenté no soy nada de princesas, vuelvo a creerme que soy una de ellas.

Entre mi emoción y las risas de mi marido al verme cual niña en la mañana de Reyes nos bajamos a la piscina. La piscina, esa imprescindible para mi. Está ubicada en el antiguo foso. Bajamos, colocamos las toallas y a disfrutar. Descubrimos que las hamacas son la cosa más cómoda que hemos probado (marido, cuándo dices que nos mudamos a vivir aquí?) y yo, que soy muy de agua, me tiro a la piscina. Prepararos. Prepararos porque aquí la menda lerenda se tira al agua con gafas de sol. Toma postureo. Del bueno.

postureo

Ahí estoy yo, nadando con mis gafas y sin darme cuenta. Mi marido, tras unas cuántas fotos decide avisarme y yo decido que sí, que mejor quitármelas. Y llega el MOMENTO. MOMENTAZO.

¿LAS ESCALERAS DÓNDE ESTÁN? Llevo un rato en el agua y decido salir pero no hay escaleras. No. Por ningún lado. Miro a mi marido, se ríe ante mi ¿y ahora cómo salgo? Empieza la operación. Miro a mi alrededor. No hay nadie. Por no haber no hay ni las escaleras. Apoyo mis brazos pero me queda alto el borde y no funciona. Empieza la operación croqueta. Tras varios intentos, me impulso, me apoyo en el borde, engancho una pierna y hago la croqueta. Literal. Tan literal como que me traje de recuerdo una cicatriz. Mi marido llora de la risa. Yo también, después de comprobar de nuevo que no me había visto y me siento en la hamaca resignada a no bañarme más.

Llega otra pareja. Se quieren bañar y comienzan la conversación que yo he tenido con mi marido antes. ¿LAS ESCALERAS DÓNDE ESTÁN? Y cuando el chico ya se ha tirado unas cuántas veces y ha salido con mucha más elegancia que yo y mi croqueta mi marido descubre las escaleras. Están allí, dentro del agua, azules como el fondo, en la esquina. Y yo vuelvo a reírme, me río de mi penosidad pero estoy muy contenta ¡puedo volver a bañarme!

bañarse

A estas alturas y tras llevar pocas horas en el Castillo ya habíamos decidido que Salamanca se quedaría para otra vez. Y es que el Castillo del Buen Amor provocó en mí, que soy la persona más activa del mundo, la que más se mueve, la que huye de los todo incluido porque después de dos horas bebiendo y tumbada al sola me aburro, la sensación de querer exprimir el Castillo al máximo y no sentir la necesidad de tener que salir.  Y así fue. Cambiamos la piscina por la terraza privada de la habitación.

En lo alto de la torre… En lo más alto. Allí dormía yo!!!!

alto

Y entre cervezas y fotos me leí la Guía de Bienvenida del Castillo. Así descubrí los metros de la habitación ¡madremíadelamorhermosoqueestodaparamí!, que en la finca del Castillo hay un laberinto y un lago, que hay servicio de habitaciones, que puedo subir a lo más alto… Descubrí que hay rincones que aún no había visto y descubrí lo más mejor. ¡La salida sin prisas! ¿Cómo? ¿Qué por un módico precio puedo quedarme unas horas más y disfrutar de todo? Leerlo y decirle a mi marido que llamara a recepción para comunicar que haríamos uso de ese servicio fue todo uno. Descubrí también el servicio de habitaciones y yo, que se me cierra el estómago cuando algo me hace ilusión, me pareció fantástico hacer una cena light en la propia habitación. Cena light y ligera sino fuera por la copaza de helado que nos metimos después… ¿Lo mejor? En la carta de servicios te indican el tiempo que tardarán en servirte en la habitación y me parece perfecto que lo hagan porque así tu te organizas y calculas. En nuestra experiencia tengo que decir que el tiempo fue bastante inferior al que indican así que más perfecto todavía.

Es de noche. Estamos en un Castillo en mitad de Castilla. ¿Qué se puede hacer? Salir a pasear por la finca y descubrir que incluso de noche, tiene su encanto.

noche1          noche2

Nos acercamos hasta el laberinto y lo recorrimos. ¿Habéis visto Alicia en el País de las Maravillas?

Pues la noche del 8 de Septiembre del 2013 yo fui Alicia pero en leggins y con Converse.

Y esta es mi cara cuando no soy capaz de volver a salir y mi marido no quiere colaborar con la causa…

laberinto

También nos acercamos al Lago. Y digo eso, nos acercamos, porque aunque en el Castillo te ofrecen la posibilidad de navegar por él en unas barquitas muy románticas yo ya había decidido, después de la experiencia en la piscina, que los pies mejor en la tierra. Podría haberme quedado allí toda la noche. Escuchando los pájaros, contemplando el agua, sentada en ese banco al lado del árbol que hacía que se parara el tiempo…

banco

Podría haberlo hecho sino fuera porque de repente un ruido extraño captó mi atención e hizo que mis piernas (y yo, of course) salieran corriendo dirección al Castillo metiendo el pie en todas las toperas posibles (¿lo de que el pueblo se llame Topas vendrá de ahí?(dudas tontas que se le ocurren a una en mitad de la noche y corriendo)) y escuchando a mi marido escojonarse literalmente metros atrás.

Y dormimos. Y yo adoro dormir entre tanto almohadones pero descubro a mi marido quitándolos de la cama. ¿Cómo puede ser que no adore perderse entre ellos? Va a ser verdad eso de que los polos opuestos se atraen…

Nos despertamos con el canto de los pájaros y yo soy feliz. Muy feliz. Si es que yo soy más de campo que de ciudad, más de cantos de pájaros y ruidos de animales. Más de desayunar pronto que de remolonear así que ¡vamos a llenar el estómago! Ésta es la puerta de entrada al Restaurante. Ésta es la puerta que hace que yo, que iba con todas mis ganas a desayunar, me pare, saque la cámara de fotos y la inmortalice. ¿Me la pueden poner para llevar?

puerta rte

Y esto es el interior,

comedor

Y una no sabe si pedir el desayuno o fotografiar todo aunque sea con el móvil. Y dicho y hecho. Fotografío hasta el desayuno aunque sea en calidad mala.

desayuno

Bollería, tostadas, embutido, café zumo…¿quién da más? Quédate con todo señor marido menos las tostadas. Las tostadas y la mantequilla son mías.  Y es que entre las manías y costumbres que tiene una es desayunar siempre tostadas y mantequilla cuando se está en algún lugar situado entre Gijón y Sevilla. Tradiciones que se han ido instaurando sin apenas darnos cuenta y que nos hacen felices.

Al salir del Restaurante descubro una pequeña bodega. Pequeña, antigua, con encanto. Tanto encanto que apetece tomarse una copa de vino aunque no te guste.

bodega

Con el estómago lleno y la tranquilidad de la “Salida Sin Prisas” decidimos darnos una vuelta por los rincones del hotel, pasillos, salones… Todos invitan a quedarse en ellos y a la vez a seguir descubriendo otros.

pasillorincon

Aprovechamos y subimos a lo más alto. El sol empezaba a calentar, las ganas de volver a la piscina iban aumentando y mientras mi marido sacaba algunas fotos yo decidí hacer la fotosíntesis allí mismo. Con vistas al laberinto.

vistas

¿Lo has fotografiado todo ya? ¿Si? Y mientras pregunto voy bajando a toda la velocidad (entiéndase toda velocidad la velocidad máxima que unas escaleras preciosas pero antiguas y de piedra me permiten) hacía la piscina. Mi marido sigue fotografiando detalles que nos vamos encontrando…

rosa

… y me trae cervezas que me hacen, aún más, la mujer más feliz.

cerveza

Y piscineamos hasta la hora de salir. Aprovechamos y damos envidia por las redes sociales a algún que otro amigo y esa mañana/mediodía nos sienta de maravilla. A veces, para desconectar no hay que estar un mes fuera de la rutina, sólo unas horas si has elegido el lugar adecuado.

Nos vamos. Una última mirada hacía esa ventana del patio central que me tiene enamorada desde que llegué y nos vamos.

ventana

¿Volveré?

Por supuesto. A un hotel que es tan bonito que hace que se te olvide robar las amenities no se puede hacer otra cosa que volver.

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