Yo quiero ser una mujer casada delgada

Hace un tiempo, os hablaba del “Yo voy a ser una novia delgada” y os explicaba, entre otras cosas, que antes de la boda había hecho dieta, la había dejado y había vuelto a engordar unos kilillos pero que fuí una novia estupenda y feliz.

Hoy os vengo a contar que me casé y me dejé. Sí, así. Sin rodeos. Lo mío fue ponerle el anillo a mi chico y dejarme. A lo grande. Empecé con mi obsesión por amortizar los 1000 eurazos de nuestro hotel de la Luna de Miel cenando durante 7 noches como nunca antes lo había hecho sólo porque “esto está pagado y yo hago gasto aunque esté frío  o no me guste”. Así, sin más. Reconozco que me salió la vena de gente de provincia y mi lado jubileta.

Volví a la rutina y descuidé mi alimentación. A lo largo de este año no devoré, ni comí en exceso pero comí mal. Muy mal. No he respetado horarios, he picado entre horas y he vuelto a hacer las migas con la llamada “comida rápida”. Y así, entre pica aquí y pica allá, hoy he llegado tarde y mira que fácil es descolgar el teléfono y tengo la cena hecha, hoy ceno ligero pero luego me da el hambre y receno, compañeras delgadas que traen bollería a merendar y mi poca fuerza de voluntad…. Entre todo esto y mas, no me daba cuenta de que varios kilos habían decidido instalarse en mí. Varios pero varios. Demasiados. No un kilo ni dos. No. Más de diez kilazos. Así, sin mucho esfuerzo.

Y a una le dicen que está engordando pero se mira en el espejo y piensa: “sí, algo he cogido pero yo estoy estupenda”. Y llega el día en que una ya se no se ve estupenda. Y llegan los días en los que ni sentirse estupenda ni medio estupenda, ni sentirse a gusto con una misma (que al final, sino hay un problema de salud, es lo importante). Y entonces decido que voy a empezar a cuidarme. Adelgazar, reeducarme en la alimentación y hacerlo bien. Sin prisa. 

Y por primera vez en mi vida paso de “autodietarme” y de dietas de moda y voy a mi médico. Doy los pasos correctos, se supone,y todo va bien. Me mira y reconoce que si, que no llegó a tener obesidad pero que me vendría perder unos kilillos, me pide análisis, me sacan la sangre y me confirman que no tengo ningún problema. Sana y fuerte. Y rellenita. Al no tener ninguna alteración en las tiroides, mi médico de cabecera me dice que no me va a enviar al Endocrino, que será la enfermera la encargada de ponerme a dieta y supervisar. Me voy de allí con cita para la enfermera y sonriendo. Sigo dando los pasos correctos.

La sonrisa me dura el tiempo que pasa hasta que entro a la consulta de la enfermera. ¿Pasos correctos? Creo que aquí se acabaron. Comienzan las preguntas:

“cuánto pesas, fumas, bebes, qué bebes, usas métodos anticonceptivos, estado civil, cuéntame tu día a día en la alimentación, sabes que tienes que renunciar a cosas, has hecho dieta anteriormente, haces deporte, tienes tiempo para hacerlo, alimentos favoritos, haz tu horario de comidas”

Y más. Seguidas. Sin tiempo apenas a contestar y sin registro de respuestas alguno por su parte. Vamos a pesarnos. Vestida y con zapatos. Deduzco que tendré que llevar siempre la misma ropa y los mismos zapatos, que oye, como vaya un día a pesarme con mis botines de invierno que pesan más que un real la hemos liado. ¿Altura? No, no hace falta. ¿Índice de masa corporal? No, tampoco. ¿Peso justo? Tu sabrás. ¿Kilos a perder? Pues ya lo vamos viendo. ¿Antecedentes familiares de obesidad? No influye. Toma la dieta. Y me da un maravilloso folio fotocopiado de una dieta de 1600 calorías con un dibujo muy apropiado para una dieta: una cesta de mimbre con cinco barras de pan. ¿Tentación? No, apenas. Venga, que te vaya bien, en 15 días nos vemos y te peso.

La cosa está en que a mi aquella fotocopia torcida me sonaba. Voy a casa de mi señora madre y ¡sorpresa! No puede evitar reírse al reconocer la dieta. Misma dieta, misma fotocopia torcida que le dieron a mi padre hace más de 15 años cuando le sobraban más de 30 kilos y tenía diabetes, entre otros.

Una decide que pasa de la dieta de las cinco comidas al día ya que, como aviso a la enfermera, en mi trabajo no puedo para a comer un pincho por mucho que ella piense que sí. Decide empezar a cuidar la alimentación y respetar horarios, a mi ritmo. Pasa un mes y acude a una consulta de un especialista que, esta vez, sí, le calcula el índice de masa corporal. Lo tengo un poco alto pero entre los parámetros normales. ¿Prescripción médica? Tienes tres meses para adelgazar 15 kilos. Da igual que dietas hagas, cómo lo hagas, pero tienes que volver con 15 kilos menos. Eso sí, no enfermes.

Y una sale de allí y no sabe si ir al ambulatorio y decirles cuatro cosas o llorar. Llorar porque lleva toda la vida escuchando que hay que ponerse en manos de especialistas y ahora puede ver que o te dejas los cuartos y pagas un especialista privado o ríete tú de las dietas vigiladas por los médicos. Llorar porque ha comprobado que mi báscula de casa registra y aporta más datos que la de la consulta de aquella enfermera. Llorar porque hasta Dunkan en su odiado libro te explica más cosas de las que te han contado antes de darte la fotocopia torcida. Llorar porque no sabe cómo bajar esos 15 kilos que le piden y que además considera que son excesivos, pero tiene que bajar.

Y decide cabrearse con el mundo de la Sanidad, decide que no puede gastarse los 90 euros quincenales que le pide cualquier dietista “serio” y decide volver a autodietarse, porque al fin y al cabo, yo me controlo mejor que ese médico y enfermera que iban a supervisar mi dieta. Y pobres de ellos, como en alguna futura consulta hagan algún comentario…entonces sí que me van a oír. De momento, voy a empezar comiéndome este viernes con mi tazón de leche desnatada con cereales de los buenos para volver a entrar en los vaqueros.

Y sí, acabáis de sufrir el primer post desahogo y pensaréis que esto con el tema de bodas poco….o nada…. Pero por llevarlo de la mano…. “Detrásdeunaboda” viene algún kilillo de más.

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7 comentarios en “Yo quiero ser una mujer casada delgada

  1. Bufff, la dieta de las 1.600 calorías la tengo yo en casa. Y la de 1.800 y la de 1.400…
    Y da igual la forma que tengas de explicarle a una enfermera (del ambulatorio o del hospital) que tu no puedes (o no te entra, mi caso) un pincho a media mañana porque no lo entiende. ‘Que yo no madrugo en exceso y como temprano, si me como un pincho luego no como y a las 5 de la tarde estoy esfamiada’. Sólo me faltó decirlo en inglés, seguían sin entenderlo. Lo más, una que me dijo que madrugara y fuera a hacer ejercicio, a lo que contesté que cerrando el trabajo a las 11 de la noche me dirá ella como ceno y despejo para acostarme a una hora suficientemente temprano que me permita levantarme al día siguiente para hacer ejercicio (con lo apasionante que es para mi, además).
    Lo que mejor suele funcionar es controlarse una misma cuando te das de bruces con cosas así. Todas sabemos que el chocolate engorda, que empanar los filetes engorda y que picar entre horas también. Lo que necesitamos es fuerza de voluntad y no, de esa, yo tampoco tengo.
    Ahí va el primer comentario desahogo de dieta

  2. Me ha encantado. Me ha sacado una sonrisa. Pero he intentado mil veces hacer dieta por mi cuenta… y sempre acabo comiendo durante una semana pechuga de pollo a la plancha y piña…. jeje al final siempre acabo aborrecida logicamente jejejw
    Me ha encantado . Acabo de descubrir tu blog y lo seguire.i

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