682 KM

682 km. Ni un metro ni un metro menos.

682 km es la distancia que separa la calle dónde vivo de la tienda de Nuria Cobo en Sevilla.

Seguramente, hace años yo ni me hubiera enterado de que en Sevilla había una diseñadora de zapatos que podía conseguir que yo, una chica que adora las Converse por encima de todas las cosas y se las calza día tras día, se emocionara al ver unos zapatos.

Debemos remontarnos a finales del 2010. Estábamos empezando a organizar la boda y nos encontrábamos en esa fase en la que todo el mundo te dice que te queda mucho aún y en la que tú no paras de mirar cosas por internet y de guardar imágenes. En mi caso hay que puntualizar que soy muy amiga de guardas las imágenes de la red pero no su procedencia, por lo que tengo el ordenador lleno de fotos de cosas rebonitas pero ni idea de dónde las puedo conseguir. De mis búsquedas por Google para poder llegar de nuevo a ellas os hablo otro día porque tienen miga.

A ratos buscaba vestidos, otro rato ramos de flores, otro rato me daba por buscar ideas originales, a veces también buscaba colonias, otras veces trajes de novio y hubo un rato en que busqué zapatos. El rato más corto de todos porque una imagen de Google me llevó a Nuria Cobo. La imagen que me pegó a la pantalla fue ésta.

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Los vi. Los miré. Los volví a mirar. Y llamé a mi futuro marido para que los viera. Era el zapato perfecto para mi versión de novia. Eso no lo dude. El problema era que sólo había tienda en Sevilla y Cádiz. Sí, tiene tienda online, que es una maravilla, pero yo de aquella no era muy aficionada a comprar sin probar aunque aceptaran (y aceptan) devoluciones. Hoy en día os puedo decir que me atrevería a comprar sin ninguna duda a comprar en su tienda online. Mi mayor miedo era la talla pero he podido comprobar que tallan bien. El número que llevo en mis adoradas Converse es el de mis zapatos de novia.

Allí se quedo la imagen guardada en mi ordenador y yo no volví a mirar zapatos. En algún paseo que otro por mi ciudad miraba los escaparates pero no terminaba de convencerme ninguno.

La prueba del vestido se acercaba.

Era ya Junio del 2012 y empezamos a recibir los primeros regalos de boda. Yo probaba mi vestido en 11 días. No tenía zapatos pero si tenía 3 días libres en mi trabajo, los últimos hasta la boda ya que, por entonces, trabajaba los 7 días de la semana. Y una noche, sentados enfrente del ordenador, mi marido y yo nos miramos y me dijo: “si de verdad quieres aquellos zapatos que viste hace tiempo que había en Sevilla aprovechamos y nos bajamos a por ellos” Y así fue como un lunes por la mañana estábamos cogiendo la Ruta de La Plata en Gijón dirección Sevilla.

¿La excusa? Ver a mi familia que vive muy cerquita de Sevilla. Excusa que no se mantuvo en pie ni tres minutos ya que al entrar por la puerta de casa de mis tíos pregunté por la calle de la tienda y si la conocían. La calle sí, la tienda no. Perfecto, me vale, mañana vamos. Y todos alucinando.

Y era martes. Sevilla, Junio, calor, mucho calor. A media tarde y después de darnos un paseo por el centro de Sevilla y beber agua, mucha agua, mi señor tío, mi futuro marido, mi niña de arras dormida en el carricoche y yo nos dirigimos a la tienda.

Y había una novia probándose un montón de modelos. Y yo entré y dije “quiero probarme este”. Me lo sacaron. Me morí de vergüenza con mis pies negros y sudados de mis chanclas después del paseo, me enfunde las bolsas, me puse los zapatos, di tres pasos y dije ¡¡¡¡me los quedo!!!!

La otra novia me miraba alucinando con mi decisión, mi niña de arras seguía durmiendo, mi tío insistía en que si no quería probarme ningún otro modelo y mi señor novio le contaba a la dependienta que habíamos venido desde Asturias expresamente a por esos zapatos. Fue el momento oportuno para que yo aclarará que mis pies negros se debían a la tourneé por el centro de la ciudad ya que oye, ya que se iba había que hacer un poco el guiri. Y hacer el guiri implica ir en chanclas, en shorts y en camiseta de tirantes. Atarte el pelo en una coleta y llevar en la mano una botella de agua. Y sudar, sudar mucho. No hay que olvidar que veníamos de Asturias y el calor de Sevilla nos mata. O me mata.

Me preparan los zapatos y al ver la bolsa

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exclamo “mira, una bolsa con los colores del Sporting y de Gijón, así me los llevo más a gusto”. Mi marido me mira y me dice: “también son los del Sevilla” y yo le espeto un “Bueno, pero seguro que aquí son más del Betis” y me quedo tan ancha.

Llegamos a las distintas casas familiares y todo el mundo quiere ver mis zapatos. NO. Mis zapatos no se vuelven a enseñar hasta la prueba del vestido, que a este ritmo me los ve todo el mundo.

Llego a Asturias con ellos y me los pruebo y ando por casa. Mi madre aluciflipa con el taconazo que llevan y empieza a especular si seré capaz de andar o no con ellos. A mi me gustan tanto que si tengo que romperme un pie que sea con mis Nuria Cobo puestos.

Llega la prueba del vestido y me voy con ellos. Y son un éxito. Mi amiga dice que son preciosos y ganan mucho más puestos, la dependienta al verlos me pregunta dónde los he comprado porque todas las colecciones de novia de este año son muy feas y así los recomienda a las chicas que compran allí, mi madre confirma que le van perfectamente al blanco del vestido (cosa que yo ni había pensado porque tenía claro que los llevaría). Me fui pensando que si los zapatos habían tenido este éxito puestos con unos pinkis horribles del Calzedonia el día que vayan sin esa cosa tan fea serán brutales.

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Y el día de la boda todo el mundo alucina con los zapatos y me piden que los enseñe. Y tengo mil fotos de mis preciosos zapatos pero no sólo de zapatos preciosos vive una novia. Lo mejor de estos zapatos es su comodidad. Yo, que nunca voy en tacones aguanté perfectamente, no lleve medias y a pesar de ser un zapato semicerrano ni una sola rozadura. Subida en ellos bajé escaleras, las subí, salté, bailé y viví mi boda al máximo. ¿Aguanté con ellos toda la boda? Si os digo que sí os mentiría pero podría haberlo hecho. ¿Por qué me cambie? Porque mi segundo calzado eran unas Converse y tenía claro que me las ponía sí o sí.

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_MG_6709                                                                                                                                                             _MG_6449

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Y yo que nunca me pongo tacones, ya me he llevado mis zapatazos de novia de vinos, a otras bodas y ahora se están preparando para venirse de aniversario… Tener unos zapatos de novia que puedas volver a ponerte es maravilloso. Sonreír al calzártelos no tiene precio. Y poder andar en tacones yendo cómoda tampoco.

Recuerdo como mi abuela me decía siempre que en los zapatos no se podía ahorrar, que unos zapatos debían ser buenos siempre. Nunca le hice caso. Ahora, casi un año después de tener y disfrutar mis zapatos de novia la entiendo perfectamente.

Pinchando aquí podéis acceder a la colección de Novia de Nuria Cobo dónde seguro que encontraréis vuestros zapatos porque hay de todo: zapatos, sandalias, con lazos, taconazos, bajos y hasta alpargatas para bailotear todo lo que se te ponga por delante. Los zapatos para invitadas los tocamos porque otro día porque tampoco tienen ningún desperdicio.

Fue el viaje relámpago y fueron los 682 km recorridos más satisfactorios de mi vida . Llamarme exagerada.

NOTA: Las dos primeras fotos  publicadas en este post han sido extraídas de la web de Nuria Cobo.

El resto de imágenes son propiedad de DUB y han sido realizadas por Nuria de Rafer Fotógrafos. Si deseas utilizarlas por favor, cita la fuente de dónde han sido extraídas y nos encantaría que nos lo comunicaras. Gracias.

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