Hay sitios. Y luego está él.

Hay sitios que están en un enclave perfecto. Y luego está él.

Hay sitios que son hermosos por fuera. Y luego está él.

Hay sitios que con sólo mirarlos ya sabes que son espectaculares. Y luego está él.

Hay sitios que son especiales. Y luego está él.

Hay sitios con vistas al mar. Y luego está él.

Hay sitios con vistas a las montañas. Y luego está él.

Hay sitios que cuidan todos los espacios. Y luego está él.

Hay sitios con rincones preciosos. Y luego está el.

Hay sitios en los que te sientes a gusto. Y luego está él.

Hay sitios que son como hogares. Y luego está él.

Hay sitios que tienen detrás a personas que aman su trabajo. Y luego está él.

Hay sitios. Y luego, siempre, está él.

Y…¿quién es él?Él es él. El Palacio de Luces.

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El Palacio de Luces es ese lugar que conocí en Enero del 2011. Mi ya marido y yo llevábamos varios meses buscando el lugar perfecto para nuestra boda. Una boda con una fecha innegociable. Visitamos todos los lugares que conocíamos, los que nos comentaban las pocas personas que sabían que había bodorrio a la vista, los que encontrábamos en SanGoogle. Y todos tenían sus pros y sus contras. Y ninguno terminaba de ser el perfecto. Perfecto para nosotros y lo que buscábamos.  Y un día, mi hermano comentó “¿por qué nos os acercáis a Luces a ver ese hotel de pijos y ricos?” Y una, que de pija y de rica nada de nada, decide que si, que ella va a llamar y ya veremos qué es lo que pasa.

Y una llama y en esa llamada ya la ganan. Es enero. El hotel está cerrado por vacaciones pero nos reciben al día siguiente. Llegamos y no hizo falta más que bajarse del coche. Nos bajamos y mi chico dijo: “yo aquí me veo vestido de novio”. Y esa es la clave, el sitio perfecto es el sitio donde te visualizas desde el minuto cero. Visitamos las instalaciones y nos enamorábamos más y más a cada paso que dábamos: la lámpara de recepción, el piano en el café-bar, las vistas del salón, la iluminación, los trozos de muralla, el enorme macetero que hace que te pares en un pasillo para mirarlo, los rincones de la biblioteca, las habitaciones, las suite, las amenities de Loewe… Todo era perfecto. Más que perfecto. Y allí estábamos, haciéndonos muecas de esas que sólo entiende la pareja y pensando cada uno por su lado “es nuestro sitio pero no podemos pagarlo”. A todas las preguntas nos respondían un sí y siempre con una sonrisa.

Nos fuimos de allí. Un viaje en coche de vuelta a casa empezando a pensar en los números. No eran números de esos que asustan. No os voy a mentir, es un poco más caro que otros restaurantes-hoteles de Asturias pero no hay mucha diferencia y merece la pena. ¡Vaya si la merece! No era excesivamente caro pero si que se nos iba de presupuesto. Entras una y otra vez a la web del lugar para volver a ver todo aunque hemos de decir que la web no le hace justicia a lo guapérrimo que es el lugar. Y haces números, muchos números, intercambias varios mails con el personal del hotel con dudas  y más dudas, vuelves a hacer números y te llevas a la familia a visitarlo. Y la lías. La lías cuando tu madre te mira y te dice: “ahora podrás llevarme a cualquier otro lugar que yo me quedo con éste”.

Y entonces, te sobran 22 de 24 horas para decir que si. Dices que si al Palacio de Luces, dices que si a saltarte el presupuesto, dices que si a ahorrar en otros proveedores de boda (aunque luego no lo hagas…) y dices que si a tener un viaje de novios más asequible porque lo que de verdad quieres es casarte y compartirlo con tu gente. Aún recuerdo aquel mail al Palacio donde les pedía que me bloquearan la fecha. Y sus facilidades. Son un mundo de facilidades y posibilidades. Aún recuerdo aquella maravillosa de domingo dónde descubrimos ese plato que fue la estrella de la boda.

¿Después qué? Después llegaron mil y un mail y llamadas. Creo que puedo decir y no equivocarme que fui la novia más pesada de todo el 2012. Mil y un visitas. Mil y un preguntas. Y nunca un no. Un sí a aportar el jamón nosotros, un sí al horario que habíamos pensado, un sí a las modificaciones en el cóctel, un sí a todos los complementos que quisimos poner, un sí al photocall en la terraza, un sí a los cestibaños, un sí al “déjame medir las mesas que los manteles para la ceremonia me los traigo yo”, un sí a colocar mil y un cosas en las mesas, un sí a personalizar las minutas, un sí a todo. Un sí y muchas sugerencias de cómo se hizo otras veces para ayudar. Muchos síes cargados de intención y ayuda. Hubo muchas preguntas y muchos síes antes de la boda y durante ella pero aún vinieron más después y eso presta. Presta mucho.

Yo era la novia pesada. La novia pesada que se sentía como en casa cada vez que iba. Como en casa y con amigos. Yo buscaba un lugar donde vivieran mi boda, no una boda más. Y lo encontré. Se involucraron en mi boda, vivieron mi boda y me hicieron sentir especial una y otra vez.

El Palacio de Luces es ese lugar dónde te ponen una sonrisa aunque hayas trasladado el desorden de la “habitación de la boda” al despacho de Dirección. Es ese lugar en el que no tratan sólo bien a los novios, sino que todos los invitados son especiales. Es ese lugar dónde sabes que, elijas el menú que elijas, tienes(tienen) el éxito asegurado, es ese lugar donde tratan de lujo a tus proveedores de boda.  El Palacio de Luces es ese lugar donde, aunque nunca hayas sido mucho de princesas, te sientes una de ellas. Es ese lugar de los bajoplatos que enamoran a madres, el de las sillas bonitas, el de las vistas al Sueve y al Mar Cantábrico, el del trato personal y profesional…

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El Palacio de Luces ese ese lugar dónde nunca te dejarán un mail sin responder o una llamada sin devolver, es ese lugar dónde no olvidarán los temas tratados en las diferentes visitas, es ese lugar dónde nunca tendrás que pedir algo dos veces, es ese lugar dónde no sentirás que seas una pesada aunque lo seas, es ese lugar que no es de pijos y ricos como decía mi hermano.

Es ese lugar donde todo encaja, donde todo queda perfecto. Es ese palacio con toques de modernidad y con la parte nueva integrada totalmente en la construcción original. Es ese lugar perfecto. Es ese lugar donde seréis un poquito más felices.

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5 comentarios en “Hay sitios. Y luego está él.

  1. Que quieres que te diga, ya sabes que me encanta!
    El sitio es ideal y si me volviera a casar sin duda seria “mi sitio”. Y lo que dices es verdad,son encantadores, siempre con una sonrisa. A nosotros nos tratan de lujo.

    Siento no comentar mucho uúltimamente pero es que estoy liadisima.
    Un abrazo.

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