Lo que nos gusta una foto, oiga.

Recuerdo la primera vez que fui a Madrid en los años universitarios (de mis amigas, que yo de aquella me hice amiga de la Formación Profesional). Yo, una chica de provincias enfundada en unos pantalones con estampado de vaca (sí, aquello se traía y los vendían en Blanco y eran lo más de lo más) que va con su amiga a quemar la noche madrileña. Recuerdo como nos fuimos de una discoteca cuando nos dimos cuenta de que hacía más de media hora que habían encendido las luces y estábamos apenas sola, recuerdo como aquellos chicos mayores querían impresionarnos diciendo que eran relaciones de Kapital, pero Kapital no nos iba. Ni nos va. Pero recuerdo, sin ninguna duda, aquellos bares de Torre Europa con alfombra roja, guardarropa y photocall. ¡Photocall! Que yo no sabía que era aquello. Después descubrí que aquello venía a ser como la pared del bar dónde íbamos todos los sábados y que estaba plagada de “cristinas x manolos forever and ever” pero con más clase. Nuestras fotos no tenían de fondo el amor de turno de alguna o alguno, sino el nombre del bar, el logo y todo con mucha luz. Y yo posé, con mis pantalones de vaca. Posé y me sentí una artista, vamos que ganas me dieron de pedirme una boa de plumas y un cigarrillo largo (si, no sé cómo se llama ni lo quiero, siempre será el cigarrillo largo negro de plástico que me compró mi madre para disfrazarme de charlestón) porque yo a las artistas siempre me las imagino así.

Volví a mi provincia, a mi ciudad y a mi barrio con aquello del photocall en mi cabeza. Madrid es mucho Madrid y aún me esperaba más. Días después y viendo “Aquí hay tomate” (todas tenemos un pasado) pude ver a Marujita Díaz posando en el mismo photocall que yo, en el mismo bar. Y sí, era Marujita Díaz pero oye, a mi me llenó de orgullo y satisfacción haber posado en un bar de famoseo y postureo aunque no lo supiera. Y vamos si lo conté, vamos si presumí de aquel photocall, vamos si me enorgullecí yo de mi postureo (que ahora está tan de moda).

¿Y a qué viene todo esto? A qué cuando empecé a organizar la boda y descubrí que los photocalls estaban de moda en las bodas exclamé un ¡vamos que nos vamos a por un photocall! Ya no llevaría mis pantalones de vaca, ni vería a Marujita Díaz días después posando en el mismo lugar (porque no quisimos oiga, porque a esta con lo que le va un sarao la llamamos y se viene creo yo) pero yo volvería a photocallear. Y a posturear por supuesto.

Descubrimos mil y un formatos de photocalls . Y es que, como en todo, un photocall lo complicas como lo quieras complicar. Desde una pared lisa y lasa de un color bonito, a un plotter personalizado,  a una tela chula bien colocada, pasando por un fondo de corazones de cartulina, uno de relojes, unos simples banderines…Photocalls hay muchos y muy variados pero al elegir uno no hay que olvidar que debe seguir la estética de la boda y tener relación con los novios y sus gustos.

¿Organizas una boda colorista en un lugar dónde hace calor? Pues aquí tienes uno la mar de mono montado con pai-pai. Y ya sería genial si al finalizar la boda las invitadas deciden aplicar eso de: “tú cógelo todo niña que es gratis” y llevarse los pai-pai de recuerdo.Imagen

¿Os gustan los marcos más que una gominola a un niño y queréis aprovechar el photocall para poner fotos de las bodas de vuestros padres o familiares? Este es el vuestro

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¿Quieres sentirte de verdad como un famoso y posar y posturear con un montón de marcas detrás de ti? Pues este, aunque a mi me parezca horrible y opine que un photocall así se puede cargar la decoración de una boda entera es el vuestro. (Siempre los hay peores, esa versión en que se ponen las marcas pero con modificaciones, vamos, que te queda el photocall con las marcas que se encuentran en el mercadillo de los domingos)

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¿Un photocall DIY ideal para poner al aire libre  en el interior? Éste, sin duda. 

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Si lo vuestro es adoración pura y dura como la mía hacía la decoración con letras ya estáis tardando en encontrar este photocall monísimo que yo descubrí después de mi boda.

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Un photocall con vuestras fotos, vuestros nombres y el de todos los invitados.

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¿Quieres un photocall croma para poner de fondo vuestro lugar favorito, vuestro destino de luna de miel o lo que se os ocurra? Éste es el vuestro.

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Visto aquí

Más DIY y económico imposible, unos corazones de cartulina, o cualquier otro motivo engalanando una pared.

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Y suma y sigue porque la red está cargada de maravillosos photocalls que os harán que decidir cual poner, recordemos que la decisión de poner uno ya está tomada, será aún más díficil.

¿Y después qué? Después queda elegir unos complementos bonitos a la vez que simpáticos, unas pizarras (éstas también nos gustan poco) y disfrutar. Disfrutar. Los invitados se animarán más si los novios se animan. Así que no dudéis, con o sin complemento, poneros delante y a posturear! Subiros a caballito, sentaros en el suelo, morrearos mientras os miran todos los amigos, dejar mensajes simpáticos, coger a los amigos en cuello, tocaros el culo, saltar, reír… Poner morritos, gritar, tiraros de los pelos, hacer esa pose que llevas haciendo con tus amigas desde que os faltaban los dientes, repetir aquella foto de adolescencia que tanto os gusta, poner ese careto que nunca falta en vuestras fotos. Y si queréis, posar a modo de bien, que también se puede, pero eso a nosotros no nos va. Disfrutarlo. Disfrutar porque photocalls hay muchos pero ese es el vuestro. 

¿Y el photocall dónde lo pongo? Dicen, se comenta, se rumorea que el photocall es para la barra libre. Y no digo yo que no. Llega una hora en que la barra libre ya ha hecho su trabajo y ya no hay que poner caretos porque los lleváis de serie y ya casi que poneros complementos os acabáis quitando hasta los que traíais de casa pero hasta que llegue ese momento os quedarán unas fotos muy chulas. Si podéis, aprovechar el photocall durante el cóctel y sacaros fotos con los invitados. Mover el photocall de una zona a otra no suele llevar mucho trabajo y merece la pena. Merece la pena porque igual en la barra libre tu abuela ya no está para muchos trotes pero en el cóctel postureará como la que más, merece la pena porque como es informal tendrás fotos con tus invitados divertidas sin haber llegado a ese momento de desmadre, porque una copa en un photocall no desentona aunque la tenga la novia, merece la pena porque quizás te sorprendas cuando mires a tu lado y tus invitados estén haciendo cola para photocallizar (no existe lo sé pero a mi me gusta de vez en cuando invitarme palabras) contigo. 

El postureo mola. Las fotos también. Sentirse como un famoso no está mal. Girar la cabeza para atender a todos los objetivos (aunque sólo tengas dos) es genial por un minuto.

¡Larga vida a los photocalls!

¿Os habíamos dicho ya que nos gustan las fotos,no?

 

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