Quizás lleves una vida imaginando como será tu boda…

…o quizás lleves toda la vida diciendo que tú no te casarías.

Puede que de repente hayas cambiado el “yonomecaso” por “nomeimportaríacasarmealgúndía” y te veas cerca de dejar de imaginar tu boda para empezar a hacerla realidad.

Todo empezó por una pedida de mano o por una conversación de sofá y manta. O quizás una cena romántica, una escapada de los dos o la boda de unos amigos.

Sea como fuera la boda ya está ahí. Puede estar a tres meses, un año, dos o incluso más…pero para nosotras estará ahí. Aunque la gente nos diga que falta mucho. Y es que en la preparación de una boda parece que el tiempo cambia, el tiempo va más rápido y cuando nos damos cuenta, llegó la boda.

En ese tiempo que transcurre desde que decimos el primer sí hay un montón de cosas por hacer, por elegir, por buscar. Y cuándo hayas encontrado esas cosas, las hayas hecho y las hayas elegido, probablemente aún te quede tiempo para dudar de todas, para cambiar alguna y reafirmar otra.

Es la hora de sacar esos recortes de revista, buscar esas imágenes que habíamos guardado, recordar cómo fueron las bodas a las que fuimos, todo lo que dijimos que haríamos en la nuestra y aquello que dijimos que no…Y si nunca habíamos pensado en casarnos es la hora de comprar alguna revista, buscar alguna que otra página por Internet y empezar a pararte en los escaparates de los fotógrafos (si es que no lo hacías ya).

Ocurrirá que a veces veas algo, se te ocurra una idea, te venga la inspiración y no tengas donde apuntarlo. Puede ser que no se te olvide, pero muchas veces te encontrarás a ti misma pensando “¿dónde había visto yo ese ramo tan bonito?, ¿en qué tienda tenía ese detalle tan original que quería enseñarle a mi chico?, ¿en qué escaparate vi el vestido perfecto para mi madre?”.

Por eso, a día de hoy, una de las cosas a las que mayor partido le he sacado en este proceso y creo que es de las más útiles ha sido mi agenda bodil. Yo tengo (o tenía que ya ha pasado) dos. La grande, la bonita, la curiosa, la que en medio de mi desorden siempre estaba impecable y colocada…Y luego tenía una pequeña, la que vivía en mi bolso, escrita de mil maneras diferentes, con las esquinas dobladas, manchada…Esa que llevaba a todos los lados por si veía o se me ocurría algo…

A día de hoy ya venden agendas exclusivas para bodas pero, como ya sabemos, ponerle la palabra “boda” a algo es subirle el precio. Así que yo os recomiendo que os compréis una pequeñita, normal. La mía era, cómo no, una Moleskine. O puede ser que seas una manitas y una agenda normal la transformes en vuestra agenda mediante el Scrap. Sea cual fuera, elegir una que os guste y reservarle un sitio en vuestro bolso.

Ahora que todo empieza será vuestra mejor amiga en muchas ocasiones.

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Fuente Imagen: http://www.behance.net

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